RELATOS REALES


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1+1= UNA RELACIÓN IGUALITARIA

Quiero a Isidro porque me hace sentir viva. Le quiero porque siento que le gusta cada poro de mi piel. Le quiero porque me anima cuando decaigo y me levanta cuando me vence la pereza. Quiero a Isidro porque es cómplice de mis sueños, respeta mis decisiones y entiende mis inquietudes.
Porque sabe lo que es importante para mí y se convierte en importante para él. Le quiero desde el día en que le gusté por adorar mi trabajo y contarle como me siento realizada con mi carrera, dice que le gusto por tener aspiraciones…

A mí él me gustó desde que se unió a fregar los platos tras invitarle a cenar en nuestra primera cita, jugamos a pintarnos barba de espuma…También me gustó porque desde el primer momento aceptó y comprendió lo que me gusta y lo que no me gusta, cuando quiero y cuando no.

Quiero a Isidro porque sabe que soy una persona que le complemento y él me quiere porque sabe que soy libre.

Me quiere porque aprende de mí al igual que yo me empapo de sus conocimientos. Me quiere porque entiendo sus ausencias laborales y me preocupo por conocer los entresijos de su profesión. Me quiere porque le invito a los cafés cuando no me invita él; porque sabe lo fundamental que él es en mi vida al igual que otras cuantas cosas fundamentales que la conforman. Nos queremos porque nos respetamos, porque nos acompañamos, porque entre nosotros hay admiración, porque juntos crecemos como personas y construimos algo bello. Isidro y yo sumamos 2 sin dejar de ser 1 y 1. Por todo eso, le quiero.

YA CORREN OTROS AIRES

¡Ay qué bien me lo he pasado, Federico! ¿Dónde está mi delantal? ¿Qué dónde he estado? Pues mira, con la Marisa, la Juani y la hermana del de la panadería. ¡Uff, qué calor he pasado! ¿Qué? Ay, ya lo sé, hijo mío, que estamos todavía en marzo. Pero es que allí hacía calor con tanta mujer junta. ¿Qué cuántas? Pues no sé, calculo que unas diez mil. ¡Qué voy a exagerar! Que no, que eso han dicho por el micrófono, que diez mil juntas en Alcalá del Júcar. Bueno, hijo he dicho lo de “calculo” porque es una coletilla mía, pero te lo aseguro, diez mil mujeres para festejar el día.
Nos han dado un abanico de papel para abanicarnos y todo, así que fíjate si hacía calor. Sí, sí, una abanico de papel, míralo que aquí lo traigo, ¿lo lees? “Ya corren otros aires” pone. ¿Que qué aires? Pues los aires modernos.

¿Te apetecen unos filetes de lomo? Ya no es lo de antes, las mujeres ahora tenemos derecho a muchas cosas: a trabajar, a decidir, a divertirnos… ¿Te los hago a la plancha o con salsita? Y tenemos un día para nosotras. ¿Que qué día? Pues el de hoy, ¿es que no te has enterado? Ay, Federico, que anticuado estás. ¡Pues el día de la mujer! ¡El 8 de marzo! ¿Que qué he aprendido? Pues…no sé…a saber que es bueno que salga y me relacione con otras mujeres, que vaya a cursos de formación, que tome decisiones, que las tareas del hogar, o sea, lo de barrer, fregar y cocinar, que no es sólo cosa de mujeres…

Ya tienes tus filetes. ¿Pero dónde vas? ¿A comértelos? ¡De eso nada, ahora me preparas tu dos a la plancha, te espero y cenamos los dos juntos, qué yo también estoy cansada!.

MI MADRE Y MI ABUELA NO IBAN A LA ESCUELA

Mi madre y mi abuela no fueron a la escuela.
Mi abuela no pisó jamás una y cuenta que vivían en un pueblo tan lejos de todo que nadie podía llevarla ni recogerla y que era impensable que pudiera ir sola a pie.

Sus hermanos varones que yo no conocí, estudiaron la primaria completa. Ellos si iban y venían solos. Su padre decía que educar a una niña no era una buena inversión. Mamá corrió igual suerte, y aunque ella si hizo los dos primeros años, los olvidó con la misma premura. Mi abuela repitiendo su propia historia, quería que la niña se quedara en casa y la ayudara en las tareas.

Así se le pasaron los años. Se casó, y claro, mi padre mantuvo la misma idea que mi abuela y mi madre se quedó en casa ocupándose de nosotros. Cuando empecé la facultad quise ayudarla con los estudios, que aprendiera por lo menos lo básico. No quería, decía que sentía pudor. Mi madre enviudó hace poco. Una amiga suya, viuda también, se había inscrito en un curso de alfabetización para adultas que realizaba una asociación de su pueblo y eso la entusiasmó.

Desde hace un año va todas las mañanas. Por las tardes escribe “sus cosas”, dice. Se la ve feliz. En su clase hay mujeres de otras nacionalidades que incluso hablan otros idiomas y todas están aprendiendo a escribir en castellano. A veces me las cruzo cuando salen de clase. Mi madre ni me ve pasar.

SOY MUJER Y SOY GITANA

Soy mujer, soy joven y son abogada. También soy madre y soy gitana. Soy todas esas cosas juntas y me ha costado mucho conseguirlo. Mantengo mis raíces como un gran tesoro y defiendo mis derechos.

Desde luego, me ha costado mucho conseguirlo todo lo que soy. A mi padre, hoy, cuando me ve trabajando, se le saltan las lagrimas y yo se que es por orgullo, aunque no lo diga. Eso me gusta, que se sienta orgulloso de mi. Antes era a mí a quien se le saltaban alas lagrimas, cuando no queria a que fuese a la Facultad. " Eso no es para ti", me decia. Lo mismito le dijeron a mi marido su familia, " no es mujer para ti, no seas tonto".

Cada vez hay más mujeres gitanas como yo, aunque se que no somos mayoría. Los estudios superiores son un terrreno que aun no hemos conquistado los gitanos. Sé que he roto barreras y que no es facil ser trasgresora. Tampoco es fácil dirigir una asociacion de mujeres gitanas, pelearrte con papeles de la administracion y convencer a otras socias de la importancia de la formacion. Pero lo hago porque debo defender los derechos de todas, de mi pueblo y mi sexo. Pero, tanto esfuerzo tiene su recompensa. Yo sé que hay niñas en mi barrio que me miran con curiosidad, e inculuso con admiracion. Creo que mi hija, con cinco años, también aprecia que su madre es "rara". Me gusta ser un referente.